Los centros y los profesores deberán identificar y eliminar las barreras
para la participación. Después de realizar un análisis y valoración
de la organización y funcionamiento del centro, detectando todos los
aspectos que puedan dificultar la participación de los miembros en el
centro educativo, se deberán modificar, entre otros aspectos, los siguientes:
rutinas, organización de los espacios, aspectos metodológicos,
normativa del centro, relaciones con la familia, intercambio de
información docente, formación del profesorado, etc.
Las barreras que impiden la participación son todos aquellos aspectos
de la organización y funcionamiento del centro educativo que “discapacitan”,
que impiden el desarrollo personal y que niegan a algunas
personas la posibilidad de obtener un provecho similar a los demás.
Las barreras son siempre variadas y serán distintas en cada centro
educativo, lo más importante es que los centros educativos y los profesores
asuman el compromiso de ir modificando dichos obstáculos
de forma progresiva. El camino hacia la inclusión será único e individual
en cada centro, debido a que las prioridades han de ser establecidas
internamente.
Para llevar a la práctica con éxito la inclusión educativa es necesario romper
el aislamiento profesional tan frecuente en algunos centros educativos y
potenciar el intercambio de ideas, conocimientos, experiencias, recursos y
profesionales. Por tanto, es necesario fomentar la colaboración entre profesores,
profesores de apoyo, alumnos, centros educativos y otras instituciones
del entorno.
Las relaciones entre escuela y sociedad. Es muy importante potenciar las
relaciones entre la escuela y la sociedad mediante iniciativas de carácter inclusivo.
El centro educativo debe abrirse a la comunidad, al municipio y al barrio en un intercambio recíproco de recursos, de información, de profesionales,
etc. Según Bartón (2001) “la escuela inclusiva es a la vez un microcosmos
y un camino hacia la sociedad inclusiva”.
Por otra parte, existen otras tendencias que son contrarias a la inclusión, argumentando
que se puede fomentar la competitividad entre los centros educativos creando
centros “gueto” marginales o de élite, la intensificación de los procesos de etiquetado
de los alumnos, el lenguaje de la especialización, etc., también tienen en cuenta el
miedo a arriesgarse y a probar cosas nuevas en la educación.
Hacia una comprensión de las escuelas inclusivas
Para crear contextos inclusivos y desarrollar prácticas inclusivas en las escuelas se
deberán tener en cuenta ciertos aspectos que pueden ser útiles para aquellos profesionales
que trabajen en centros interesados en formular estrategias y metodologías
inclusivas. Estos aspectos son los que se señalan a continuación:
a) Partir de las prácticas y conocimientos previos. En las escuelas se encuentra
mucho más conocimiento del que se utiliza. Por tanto, el objetivo principal
deberá ir encaminado a hacer un mejor uso de la capacidad y la creatividad
presentes en el contexto dado. Es necesario que el profesorado
colabore en el desarrollo de mecanismos para analizar sus propias prácticas
educativas y para promover una interacción más dinámica entre el alumnado
y el profesorado.
b) Consideración de las diferencias como oportunidades de aprendizaje. Al
modificar las estructuras existentes en la escuela se requiere un proceso de
improvisación por parte del profesorado para responder a las diferentes
formas de retroalimentación expresadas por el alumnado. Para el profesorado
con experiencia, esto implica la aplicación de conocimientos adquiridos
durante años. Se puede considerar que para el alumnado que no encaja
en las estructuras existentes, el profesorado tiene que improvisar más todavía
para dar solución a los problemas planteados.
c) Evaluación de las barreras a la participación. Al analizar las diferentes
formas de trabajar con el alumnado se puede investigar si ciertos aspectos
de las prácticas educativas pueden ser, en sí mismas, barreras a la participación.
Se debe potenciar la interacción entre el alumnado y el profesorado, y
los procesos de desarrollo deben incorporar mecanismos diseñados para
poder identificar las barreras que algunos alumnos puedan estar experimentando
y así poder darles solución a través de apoyos escolares.
d) El uso de los recursos disponibles en apoyo del aprendizaje. El uso eficiente
de los recursos, especialmente de los recursos humanos, es un elemento
fundamental de los procesos orientados a promover contextos más participativos, activos y amistosos en el aula. Las posibilidades son grandes y en ellas están incluidas la cooperación entre el profesorado, el personal de apoyo, los padres e incluso entre el propio alumnado. Una mejor cooperación entre el alumnado, el profesorado y los demás miembros de la comunidad educativa puede contribuir al desarrollo de una educación más inclusiva contribuyendo a mejorar las condiciones de aprendizaje en la escuela.
e) Desarrollo de un lenguaje de práctica. En los contextos donde las estructuras
de apoyo mutuo son deficientes, no es fácil animar al profesorado a
desarrollar prácticas educativas más inclusivas. La organización tradicional
de la escuela, donde el profesorado no tiene la oportunidad de observar las
prácticas educativas de sus compañeros, representa una barrera. Esto dificulta
el desarrollo de un lenguaje de práctica común que permita que el profesorado
comparta ideas, opiniones, experiencias y reflexiones sobre sus
metodologías de trabajo. Con el intercambio de técnicas, estrategias y metodologías
del profesorado de un centro educativo, se podría conseguir un
mayor avance en el desarrollo de prácticas educativas más idóneas para el
alumnado.
f) Crear condiciones que animen a correr riesgos. El profesorado realiza su
labor delante de una audiencia y al experimentar con sus prácticas educativas
está corriendo algún riesgo. Por tanto, se debe potenciar un clima de
trabajo que ofrezca apoyo a tal riesgo. Así la administración del cambio es
un factor central en la creación de condiciones que fomenten el desarrollo
de prácticas más inclusivas.
Con la aplicación de todos estos factores se podrá crear una cultura escolar que se
preocupe en desarrollar modalidades de trabajo que tiendan a reducir las barreras a la
participación experimentadas por el alumnado, y así se podrán realizar más prácticas
educativas inclusivas.
La Educación Inclusiva rechaza cualquier tipo de política, cultura y práctica educativa
que promueven cualquier tipo de exclusión. Las directrices educativas de muchos
de los países y organismos internacionales2 tienen como objetivo trabajar en la
Educación Inclusiva, pero en los mismos países que suscriben la Educación Inclusiva
perduran estructuras, regulaciones, normativas y modos de hacer que entran en contradicción con los valores de la Educación Inclusiva. Por este motivo debemos trabajar
en una doble dirección: 2 Naciones Unidas, la UNESCO y las políticas educativas y tratados de más de 190 países han reconocido como un derecho humano la Educación Inclusiva, el derecho a una educación común, equitativa y de calidad para todos, aunque este compromiso no es una tarea evidente ni fácil de alcanzar.
a) Por un lado, adaptar un punto de vista crítico sobre los procesos que nos
llevan a la exclusión de los alumnos.
b) Por otro, potenciar la participación de los alumnos en las escuelas, haciéndolos
más cercanos y participativos para todos los miembros de la comunidad
educativa.
Los problemas que se pueden encontrar en el desarrollo de la Educación Inclusiva,
no depende en principio de las características de los alumnos, sino que fundamentalmente
van a depender de cada sociedad y estado, de su política, filosofía, sociedad,
educación y financiación. Según Daniels y Garner (1999), situarse del lado de la
inclusión exige desafiar y combatir la exclusión, esta lucha contra la exclusión no es
igual en todas partes. Tiene metas, objetivos e intensidad diferente en distintos ámbitos
según el grado y nivel de desarrollo social, económico y educativo alcanzado en
cada país o región.
Los retos de los sistemas educativos
Los sistemas educativos que quieran incorporarse al movimiento de las escuelas
inclusivas tendrán que afrontar los siguientes retos: la escolarización universal, el
cuestionamiento de los sistemas educativos selectivos, el desafío a las medidas seudo-
inclusivas en sistemas educativos democráticos y el desafío a las culturas escolares
excluyentes.
a) La escolarización universal.
La exclusión educativa ha existido a lo largo de toda la humanidad, pero en
la actualidad las exclusiones escolares tienen unas características y manifestaciones
propias que plantean nuevos desafíos y exigencias. El principal
objetivo de la inclusión educativa es garantizar siempre al alumnado el acceso
a la educación, por tanto, debe garantizar el acceso a la educación de
todo el alumnado que no llega a formar parte del sistema educativo por las
características socioeconómicas y políticas de sus propios países de origen,
y también tiene que garantizar el acceso a la educación al alumnado que se
encuentra en cualquier otra situación de ausencia de reconocimiento del derecho
a la educación.
b) El cuestionamiento de los sistemas educativos selectivos.
En países desarrollados en los que la escolarización universal se ha alcanzado,
la inclusión supone luchar por el fin de procesos de exclusión bien
distintos a los anteriores. Los procesos excluyentes son promovidos en este
caso desde distintas propuestas educativas formalizadas y reglamentadas,
que adoptan el principio de separar y segregar a alumnos como medida pedagógica.
Los sistemas educativos no serán selectivos ni divididos y por
ello desde las administraciones educativas se arbitrarán financiación.
yo para garantizar el acceso a la educación a todo el alumnado que no es
otra cosa que la inclusión.
La división y agrupamiento del alumnado en los sistemas educativos, según
criterios sociales, de género, cultura, lengua, capacidad, etc., no beneficiará
ni facilitará el proceso de enseñanza y el ordenamiento educativo de la diversidad.
El proceso de exclusión se organiza, por tanto, desde la base del
sistema educativo, a través de su propia estructura y organización. La Educación
Inclusiva plantea a los gobiernos de países con diferentes situaciones
en sus sistemas educativos, el imperativo de acabar con la exclusión
formal regulada en la estructura y organización de sus sistemas educativos.
La solución a este problema sería la necesidad de establecer y desarrollar
un sistema educativo único o inclusivo, que incorpore a todo el alumnado
escolarizado.
c) El desafío a las medidas seudo-inclusivas en sistemas educativos democráticos.
Existen también sistemas educativos comprometidos con la inclusión, tanto
en sus declaraciones como en sus adhesiones a los principios de la inclusión,
pero que en el desarrollo de los mismos, sus prácticas educativas son
más políticas y de carácter utilitario que real. Dentro de estas actuaciones se
pueden señalar las alternativas más paliativas que educativas ya que dejan
intacto el sistema a costa de crear itinerarios y caminos específicos para
grupos de alumnos susceptibles de fracaso. Estas exclusiones son más sutiles
y se promueven desde estructuras secundarias, desarrollando determinados
aspectos de mandatos generales. Entre estas medidas exclusivas se
pueden encontrar medidas evaluativas (reválidas, selectividades, pruebas de
grado, modelos de evaluación, etc.), y vías pedagógicas (sistemas de apoyo,
itinerarios educativos desiguales, programaciones individuales, aulas especiales,
educación compensatoria, diversificación curricular, programas de
garantía social, adaptaciones curriculares, aulas de enlace, etc.), que justifican
la segregación dentro del propio sistema educativo “inclusivo”; como
la única salida o incluso como la única oportunidad. Por tanto, se trata de
una segregación interna, en cierto modo oculta, que es menos llamativa y
visible que la inherente a las exclusiones anteriores.
El desafío que la Educación Inclusiva plantea a este tipo de respuestas seudo-
inclusivas se basa en que la solidez de un sistema educativo inclusivo se
fundamenta en la adecuación de las medidas educativas generales a las medidas
de todo el alumnado.
d) El desafío a las culturas escolares excluyentes.
Algunas culturas pueden convertirse en un camino hacia la exclusión dentro
de sistemas de aulas, centros y sistemas educativos. Así se puede decir
que la inclusión no se garantiza simplemente con la existencia de estructuras
educativas inclusivas, sino que es, sobre todo, un asunto relacionado
Para aplicar prácticas educativas inclusivas de forma efectiva, es necesario cambiar
profundamente la organización de la escuela. La organización de las prácticas
escolares inclusivas debe reflejar la cultura y las políticas de la escuela, asegurando
que tanto las actividades escolares como las extraescolares promuevan la participación
de todos los miembros de la comunidad educativa. Teniendo en cuenta la cultura
de la escuela también se deberá desarrollar las políticas específicas que se orienten a
la introducción de objetivos explícitos para promover la inclusión en la planificación
y en la gestión de la escuela, y en los procesos de enseñanza y aprendizaje. El principio
de atención a la diversidad deberá ser el eje central de la acción educativa y no
sólo como declaración de buenas intenciones, sino que debe recogerse en el proyecto
educativo y curricular del centro educativo. También es importante establecer tiempos
comunes para la coordinación del profesorado, los agrupamientos flexibles del
alumnado, la utilización eficaz y creativa de los recursos disponibles y un estilo dinámico
activo y participativo de dirección que introduzca mejoras continuas en el
proceso de enseñanza y aprendizaje.
Es preciso buscar una formación de profesionales críticos y reflexivos para la escuela
inclusiva que promuevan la participación, la creación, la actividad, la colaboración,
la evaluación y el proceso de formación como procesos de investigación.